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mardi 6 janvier 2015

Cinque Terre

Entre el mar y los riscos

Cinque Terre, cinco bellos pueblos encaramados a los cerros de la costa italiana de la Liguria


Vista de Riomaggiore, pueblecito costero de la región de la Liguria. / FREEARTIST
En la región de Liguria, cerca de Génova, no lejos de Pisa, en la provincia de La Spezia, hay una serie de pueblecitos pegados al mar, subidos a riscos inverosímiles, con un colorido de ensueño, que reciben el nombre de Cinque Terre (Cinco Tierras), y que son patrimonio mundial. Aunque esos reconocimientos a veces suenen un poco pomposos, realmente esa medalla —de significar algo— es más que merecida. De significar algo ese reconocimiento, podría ser este: que nadie altere ni toque ni desfigure nunca jamás estos milagros encaramados a los riscos que se precipitan al mar, con esas casas multicolores —siena, albero, ocre, teja— que obligan a preguntarse inevitablemente sobre los arquitectos que hicieron semejante obra que parece, literalmente, salida de un sueño.
Las cinco maravillas, a poca distancia unas de otras, son Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. El punto de partida para acceder a esos pueblos puede ser La Spezia, una localidad más bien anodina, desde cuya estación parten frecuentes trenes —en verano atestados— que van parando en cada una de esas joyas. Se trata de un trayecto breve que atraviesa túneles incesantes, con intermitentes apariciones del mar de Liguria, con un sol fulgurante y deslumbrador en su superficie.
Decenas de turistas suben al barco que enlaza los pueblos del parque de Cinque Terre. / LUBOSLAV TILES
El viajero puede empezar su recorrido en Monterosso, el pueblo de más alcurnia de todos, el más occidental, con sus playas pedregosas perfectamente decoradas por alineaciones impecables de hamacas y sombrillas de colorido diverso. Pero más atractivo es el pueblo como tal, amado por Eugenio Montale, a cuya fascinación remite su libro Huesos de sepia, del que unos versos iluminan una pared de la montaña horadada que conduce a las calles, plazas e iglesias antiguas del pueblo: “A menudo he encontrado el mal de vivir…”.
Vernazza, a continuación, es mucho más recatada, pero ofrece un espectáculo natural casi embrujador. Las olas baten sin cesar contra los contrafuertes de la pequeña ensenada, mientras las casas escalan por la montaña y se apretujan unas contra otras, por calles inverosímiles que ascienden hasta llegar a una fortaleza desde la que se domina todo el horizonte. En verano, al atardecer, atildados italianos se entretienen en coloquios, copa de vino blanco en mano, haciendo gala de un hedonismo lento y tranquilo que parece ignorar el tiempo, como el mismo pueblo.
Corniglia es el más recatado de todos, encaramado en lo alto, mirando al mar con horizontes de fortaleza inexpugnable. Sus calles son estrechas y empinadas, con multitud de tiendecitas pintorescas y elegantes, muy made in Italy. Su plaza principal se llena de las sombras hospitalarias de las pérgolas, hábitat natural de las terrazas veraniegas donde el murmullo del bienestar se oye sin cesar. Por sinuosos senderos el viajero puede ir descendiendo hasta los confines del mar, donde baten las olas sobre peñascos descarnados. En los meses de buen tiempo, allí aparecen bañistas casi remotos, inverosímiles, pegados a las rocas, y una casa solitaria reclama pensamientos de retiros radicales, de la época hippy, como mínimo.
JAVIER BELLOSO
Manarola quizás sea mi favorito. Una insólita cuesta de piedra alisada conforma una rampa donde los turistas toman el sol antes de arrojarse a un trozo de mar aprisionado entre rocas. Un sendero que bordea las montañas que rodean al pueblo se convierte en un prolongado mirador que también conduce, por unas escalinatas, a un asombroso cementerio, en uno de cuyos muros, con letras gigantescas, descuellan versos del poeta Vincenzo Cardarelli para celebrar la melancolía y la belleza, a partes iguales: “Oh, cementerios ligures, abiertos a las olas y al viento…”.
Por último, Riomaggiore ofrece al viajero, además de su calle principal en rampa, sumamente animada, vistas del resto de los pueblos anteriores, todos ellos ensartados, al atardecer, en una especie de rosario de luces intermitentes como guirnaldas entreveradas que parpadean junto al mar.

La bahía de los Poetas

¿Fin del periplo? En absoluto. Quedan más eslabones, pero ahora recomiendo solo uno, inexcusable. En dirección contraria, también desde La Spezia, se encuentra la bahía de los Poetas, así llamada porque fue frecuentada por Byron y Shelley cuando celebraban por allí su amistad surgida en el destierro. En esas aguas solían navegar, nadaban y en ellas encontró la muerte en un naufragio el propio Shelley.

Guía

Información

Consorcio turístico de Cinque Terre (www.cinqueterre.it).
Parque nacional de Cinque Terre(www.parconazionale5terre.it).
Turismo de La Spezia(www.turismoprovincia.laspezia.it).
Oficina de turismo de Italia(www.italia.it).
Una de las poblaciones más célebres de ese entorno es Portovenere, ciudad turística por excelencia. Junto a una lengua de la bahía se alzan pedruscos desbastados donde, como lagartos, se tumban los bañistas. Las terrazas suavizan ese casi rudo escenario y, si se sigue caminando, pasmado el viajero ante las casas multicolores, se llega al más prodigioso de los lugares: la gruta de Byron. Se trata de una roca horadada que da a un mar agitado y casi sombrío, como salido de la más exquisita de las imaginaciones románticas. Al parecer, Byron acudía a meditar y desde allí cruzó a nado la bahía para visitar a su amigo Shelley, residente en Lerici.
Pero Portovenere, además de esa aureola literaria, también participa de una elegancia extrema en casi todos sus gestos, ya se llamen casas multicolores, comercios exquisitos, iglesias medievales, miradores soñadores o plazas contemplativas. Fue cima del turisteo italiano de postín en los sesenta, y quedan aún vestigios de esa prosapia, un poco enmohecida, visible a veces en italianos que lucen sus inverosímiles prendas veraniegas, propias casi de una trasnochada pasarela. Lástima que no pudiéramos ir en barco hasta la cercana Lerici como habíamos previsto. Estaba agitado el mar, nos dijo el barquero, lo cual me hizo pensar, inevitablemente, en la muerte de Shelley.
Ángel Rupérez es autor del libro de relatos Las lágrimas equivocadas, que publicará próximamente Izana Editores.F,P,D Univers. "Ideas del hombre y más .......".

jeudi 25 juillet 2013

Florencia

F,P,D Univers. "Ideas del hombre y más .......".

A cenar en los Uffizi por 10.000 euros

La superintendencia de Florencia debate una tarifa para alquilar a privados museos y bienes culturales públicos

Está previsto que esté listo para finales del año



Patio de la Galería degli Uffizi, con el palacio Vecchio al fondo, en Florencia (Italia). / STEFANO AMANTINI (ATLANTIDE PHOTOTRAVEL / CORBIS)
Una cena con Venus, en teoría, no tiene precio. Se trata, al fin y al cabo, de una velada íntima con la mismísima diosa del amor. Difícil imaginar un coste apropiado para ello. Pero si se conforman con cenar en compañía del retrato que pintó Sandro Botticelli en El nacimiento de Venus —y que se expone en los Uffizi de Florencia—, entonces el discurso cambia. Y con 10.000 euros, muy pronto, podrán tener su tête-à-tête divino.
Hacia finales de año está previsto el último capítulo de un proceso que arrancó el pasado martes, cuando la superintendente para los bienes culturales florentinos, Cristina Acidini, se reunió con funcionarios y directores de los museos de la ciudad. ¿El objetivo? Establecer una tarifa oficial para el alquiler a privados, y para ocasiones y eventos temporales, de pinacotecas y bienes culturales públicos de Florencia. “Tan solo fue un primer encuentro. Y los precios pueden acabar variando”, explican desde el Polo Museístico de la ciudad, el ente encargado de la gestión de las centros de arte florentinos.
El portavoz del organismo asegura que el resultado final será una lista de las tarifas publicada directamente online, en la web de la superintendencia. Mientras, sin embargo, confirma que los precios filtrados por los medios italianos no se alejan, ni mucho menos, de la realidad. Así, según reza Il Fatto Quotidiano, con 5.000 euros será posible organizar un cóctel en los Uffizi o en la gruta de Buontalenti, en el jardín de Boboli. Y hará falta el doble para una cena en en la Galería Patalina del Palazzo Pitti, o hasta 15.000 euros para una comida nocturna en el patio de Ammannati del mismo edificio.

Precios para una velada artística

  • Un espectáculo “cultural” en el patio de Ammannati en el Palazzo Pitti cuesta 3.000 euros, según los precios filtrados por varios medios italianos y que el Polo Museístico de Florencia no desmiente aunque define como “provisionales”.
  • Si la representación es “teatral” el coste sube hasta los 5.000 euros. Lo mismo vale un cóctel en la gruta de Buontalenti, en el jardín de Boboli, o en los Uffizi.
  • 10.000 euros se alquila una cena en el museo que acoge El nacimiento de Venuso en la Galería Palatina del Palazzo Pitti.
  • Por el alquiler del Ponte Vecchio para una fiesta, Ferrari pagó en junio 120.000 euros.
  • Hasta 130.000 ha llegado a gastarse el modisto Stefano Ricci para que su desfile se celebrara en los Uffizi.
Hasta aquí el precio base. Porque, como en toda buena oferta que se respete, las tarifas pueden oscilar según el tipo de evento, su finalidad o la duración de la concesión (podría haber descuentos para más días). El reciente desfile en los Uffizi de la colección del modisto Stefano Ricci, por ejemplo, ha costado 130.000 euros.
De hecho, hasta las características del interesado pueden afectar los precios de alquiler. “No es lo mismo un escritor que quiera presentar su libro que una llamada de Luca Cordero de Montezemolo”, matizan sin aclarar desde el Polo Museístico. La referencia es concreta, ya que el presidente de Ferrari alquiló por 120.000 euros el pasado 29 de junio el Ponte Vecchio florentino para una fiesta privada.
“Lo hemos hecho, lo volveríamos a hacer y lo haremos”, ha contestado el alcalde de Florencia, el izquierdista Matteo Renzi, a todas las polémicas suscitadas por el alquiler. Porque, más allá de quien habla de prostitución de los bienes del estado, el Movimiento Cinco Estrellas denunció el cierre del tránsito público por el puente durante horas, debido a la fiesta del Cavallino Rampante.
Precisamente ahí se encuentra una de las claves de la cuestión. La ley italiana prevé desde hace unos 20 años la concesión del uso individual de bienes culturales con tarifas que, hasta hoy, se dejaban a la negociación entre los entes locales y el privado. Eso sí, la normativa permite el alquiler “a condición de que la cesión garantice su conservación y función pública y esté asegurada la compatibilidad de uso con el carácter histórico-artístico del bien”. ¿Fue así en Ponte Vecchio? ¿Y una cena o un cóctel en los Uffizi no ponen en peligro las obras de arte allí expuestas?
No, obviamente, según el Polo Museístico, que defiende que “nadie podrá comer un bocadillo enfrente de la Virgen del jilguero de Rafael”. Se trataría, sostienen, de dos momentos distintos: cenar en una azotea u otro espacio y luego disfrutar de las salas de los Uffizi.
Sea como fuere, la idea de Florencia parece cosechar fieles por toda Italia. El Ayuntamiento de Roma lleva desde 2009 debatiendo un “proyecto de rentabilización del patrimonio arqueológico, histórico y artístico” que incluye el alquiler para eventos. Y el superintendente del Polo Museístico de Nápoles, Fabrizio Vona, declaró a La Repubblica:“Nuestra pobreza es grande. Cuanto más dinero ingresemos, mejor. Es el pan”.
Lo cierto es que, entre el paso del tiempo y la falta de dinero para la manutención, el patrimonio italiano se está cayendo literalmente a pedazos. Como los que se desprendieron en los últimos años del Coliseo, de la Fontana de Trevi o de algunas casas de Pompeya, por citar los ejemplos más conocidos. A saber si eso también se tiene en cuenta en las tarifas. ¿Se ofrecerán descuentos por caída de piedras?