vendredi 12 juin 2009

F,P,D Univers. Interpretación de una canción de Niña Pastori




"Solo ideas del hombre".

jeudi 11 juin 2009

F,P,D Univers. Audiencia del día 10 / 06



"Solo ideas del hombre".

mardi 9 juin 2009



F,P,D Univers. Matisse y Miró


"Solo ideas del hombre".
F,P,D Univers.Matisse, esplendor en la sombra
La Fundación Thyssen expone la etapa de madurez del artista, la menos conocida

ÁNGELES GARCÍA - Madrid - 09/06/2009

Visita el especial 'Matisse, en el Thyssen'

Semiolvidada cuando no maltratada, la etapa de madurez de Henri Matisse (Le Cateau Cambrésis, 1869-Niza, 1954) se convierte ahora en objeto de deseo para los responsables de la Fundación Thyssen. Con una influencia comparable a la de Picasso tanto entre los historiadores como entre los coleccionistas y prolífico como pocos, el nombre de Matisse figura en todos los movimientos experimentales del siglo XX. Sus primeros años y los últimos de su trayectoria son los más conocidos, frente a su etapa de madurez, la que abarca desde 1917 hasta 1941, mucho menos difundida y ahora vengada. Es justo este periodo de plenitud el que desde mañana podrá contemplar el público a través de 74 obras, entre pinturas, esculturas y dibujos, procedentes de 50 museos y colecciones particulares de todo el mundo. Los paisajes interiores y exteriores, sus odaliscas y sus desnudos son los temas centrales de esta deslumbrante exposición. Todas las obras de este periodo están realizadas en Niza, ciudad en la que Matisse se instala cuando se vislumbra el final de la Primera Guerra Mundial.

Henri emile Benoit Matisse
Henri Matisse
A FONDO

Nacimiento:
31-12-1869

Lugar:
( Le Cateau)

Fundación Thyssen-Bornemisza

A FONDO

Sede:
Madrid (España)

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Las 74 obras de la muestra proceden de 50 museos y particulares

La detención de su esposa e hija por la Gestapo influyó en su época final

Tomás Llorens, comisario de la muestra, señala que es el periodo de lujo en la obra de Matisse. No porque el artista se hubiera aburguesado -como durante años mantuvieron algunos críticos-, sino porque en esta etapa su dominio de la pintura es tal que, en cosa de tres segundos, es capaz de hacer un trazo maestro. Recuerda Llorens que fue Louis Aragon en su ensayo Henri Matisse, novela quien recogió la polémica sobre la relación de Matisse con el lujo: "El único lujo fue el lujo de la pintura, el pintar por pintar, el lujo de los sentidos y del espíritu, un lujo necesario".

Guillermo Solana, conservador jefe del museo, celebró ayer el hecho de que, por fin, se aborde en España de esta manera un clásico de la talla de Matisse. "En esta etapa se encuentra en pleno dominio de sus facultades. No necesita demostrar nada a nadie. Es un momento de intimidad en el que escoge formatos más pequeños y gran colorido. Desde un jardín cerrado crea un mundo muy próximo al espectador", explicó Solana.

Las dos primeras salas del recorrido están dedicadas a obras inspiradas en la pintura y el tiempo. La ventana sirve a Matisse de telón para jugar con el exterior y el interior: ahí se agrupan las primeras obras realizadas en Niza. Refleja la luz del sol en los interiores y sobre las figuras femeninas que se mueven en el fondo de las habitaciones que retrata.

Siguen cuadros protagonizados por paisajes, balcones y jardines realizados desde el interior. La belleza de los acantilados de Étretat y las figuras que conversan entre los olivos son las joyas de este apartado.

La visita a este Matisse poco conocido en España continúa con obras en las que se mezclan la intimidad y el ornamento con escenas de interior pintadas con las puertas y ventanas cerradas, donde las protagonistas femeninas son retratadas como si estuvieran ensimismadas.

En la década de los veinte, Matisse vuelve a mostrar su interés por los fondos inspirados en el arte musulmán: las mujeres conversan entre rejas o telas con adornos arabescos. A partir de ahí, Matisse se dedica al desnudo de mujer. Retrata a las odaliscas de todas las formas posibles: sentadas, bailando, con la mirada perdida en el horizonte. Hace también desnudos inspirados en los clásicos griegos. La mayor parte de las esculturas que se exponen son de esta etapa. Matisse admitía que esculpía cuando no sabía qué hacer con la pintura.

Al final de la exposición llegan los grandes dibujos firmados durante sus años de aislamiento, cuando su mujer y su hija han sido detenidas por la Gestapo y Francia ha sido ocupada por Alemania. Son momentos de sufrimiento insuperable en los que Matisse se deja llevar de nuevo por las figuras incorpóreas y echa el cierre a una etapa de su vida.


"Solo ideas del hombre".

dimanche 7 juin 2009


F,P,D Univers.The Artisans of the Real Dolce Vita
Chris Warde-Jones for The New York Times

Amedei, near Pisa, is among the companies that have built the chocolate-making tradition in Tuscany.


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By DANIELLE PERGAMENT
Published: November 4, 2007

Correction Appended

A FEW miles from Pisa, in the tiny Tuscan hamlet of Cascina, is a small gourmet shop where gift boxes covered in cellophane line the shelves, customers scurry in to place orders and the sweet, delicate aroma of home cooking drifts in from the kitchen. The proprietor, Paul DeBondt, sets out a platter of bite-size pieces on the countertop for sampling and arranges rows and rows of artfully wrapped packages inside the display case. But you won't find dusty bottles of Super-Tuscan, aging wheels of pecorino or pungent vats of olive oil. That's because Mr. DeBondt makes only one thing — chocolate.

“You have tastings, you study the quality, you craft the blend,” said Mr. DeBondt, whose main shop is in Pisa (Lungarno Pacinotti, 5; 39-050-316-0073; www.debondtchocolate.com). “That's what it means to be an artisan.”

Since the 1980s, as the world bought pasta, wine, cheese and prosciutto by the freighter-full from Tuscany, a gastronomical tradition in chocolate has quietly swept through the region. Small factories devoted to shelling, grinding and melting cocoa beans have opened in the triangle from Florence to Pisa to Montecatini, giving rise to some of the purest chocolate in the world and the nickname Chocolate Valley.

“Tuscans are trained to talk about food, to taste food, study food,” Mr. DeBondt said. “I'm Dutch, and there's no tradition of food in Holland. There's only a tradition of boiled potatoes. I could never do this there.”

And until relatively recently, no one in Tuscany did chocolate. But what was once consigned as a precious treat at Christmas and Easter is now as commonplace as caffè macchiato. In the last decade, Italy's annual chocolate consumption has doubled to nearly nine pounds a person, and last year, chocolate sales reached 350 million euros ($507.5 million at the current exchange rate of $1.45 to the euro).

But this is still Italy; that is, mass production and culinary shortcuts are as welcome as a cup of instant decaf. So despite its exponential rise, chocolate is still made with the meticulous craftsmanship — some might say, mania — that only an artisan can provide.

Tuscany's young chocolatiers trace their roots to one man: Roberto Catinari. A native of Pistoia, Mr. Catinari studied with Swiss chocolatiers for two decades starting in the 1950s. In 1974, he returned home with a suitcase full of recipes and, a few years later, opened a small storefront shop bearing his name (Via Provinciale, 378; Agliana; 39-0574-718-506; www.robertocatinari.it).

He started making plain bars of chocolate, but like Mr. Wonka and his factory, Mr. Catinari was soon toying with pralines, crushed nuts, grappa and wildly ornate sculpture like soccer trophies, pliers and small woodland creatures. His creations — rich, velvety, sweet but not cloying — were a hit. The Chocolate Valley was born.

In a country that prides itself on centuries-old artisanal traditions, Mr. Catinari's venture was a bold move. Italy's chocolate center has historically been based in the northern region of Piedmont, said Andrea Bianchini of La Bottega del Cioccolato, a new chocolate boutique in Florence (Via de Macci, 50; 39-055-200-1609). “The chocolate that comes out of Piedmont,” he said, “is very traditional.”

Tuscan chocolate has two defining characteristics. It incorporates flavors of central Italy. “I use the flavors of Tuscany: lavender, olive oil, balsamic, rosemary,” Mr. Bianchini said. And it is made in handcrafted batches in small factories.

At its most basic, Tuscan chocolate is made from cocoa beans, cocoa butter, pure vanilla and sugar instead of corn syrup. Granted, that's not so different from the chocolate from Piedmont (or, for that matter, Switzerland, Belgium or other chocolate capitals). But the quality of the beans (typically from South America or Africa), the high cocoa content (often above 70 percent), the delicate balance of ingredients and the subtleties of the technique make for a sweetly aromatic work of art.

Perhaps no place is as serious about the process as Amedei, a boutique confectionery in the Pisan village of Pontedera (www.amedei.it). Amedei chocolates are sold at shops in Florence. It not only toasts and crushes the beans, but grows its own varieties of criollo and trinitarian cocoa in South America.

“It's like wine or cheese,” said Alessio Tessieri, who owns Amedei with his sister, Cecilia. “I had to learn everything the Venezuelan farmers knew — weather, rainfall, altitude, microclimates, the proper ways to cut the pods, extract the beans, ferment the beans.”

From the outside, the factory, which isn't open to the public, looks like a large, unassuming farmhouse, save for the cocoa beans painted on its facade. Inside, it's a bright, well-oiled machine of chocolate making. Before Ms. Tessieri showed me around, she handed me a white lab coat, a paper cap and blue paper galoshes; I was bound for the chocolate O.R.

Giant machines crunched and gurgled, spitting out shells and churning vats of molten chocolate. Some rooms and machines were off limits; Ms. Tessieri didn't want her chocolate secrets getting out. We stopped at a conveyor belt where ground cocoa was being mashed into a thick paste, and she handed me a pebble of Amedei's pure cocoa. Even before sugar was added, the raw chocolate tasted creamy and warm and intensely rich.

On the other side of the valley is Slitti Cioccolato e Caffè (Via Francesca Sud, 1268; Monsummano Terme; 39-0572-640-240; www.slitti.it), owned by Andrea Slitti, a former student of Mr. Catinari. It's part boutique, with pretty boxes of chocolates lining ornate shelves, and it's part a cozy cafe, with espresso machines whirring behind the counter. On a recent afternoon, several Italians sat at tables sipping and nibbling on Slitti's trademark bars, Latte Nero — impossibly smooth, creamy and slightly bitter.

This fall, Slitti will open a factory next to its shop, offering classes on chocolate making. “It will teach the public about chocolate the way a winery educates about wine,” Mr. Slitti said. “We will teach people the basics, but not everything. Some secrets I will take to my grave.”

Correction: November 11, 2007

A picture caption last Sunday with the Journeys column, about the growing number of chocolatiers in Tuscany, misidentified the shop where a display of small chocolates with designs was shown. It is La Bottega del Cioccolato, not Slitti Cioccolato e Caffè.




"Solo ideas del hombre".

vendredi 5 juin 2009



F,P,D Univers.Estambul en 15 claves

No es Bósforo todo lo que reluce en la antigua capital turca. Las 'obligaciones' viajeras en la histórica frontera euroasiática, de la mano de los viajeros

NIEVES LLACA - 05/06/2009


Cercana, asequible, hospitalaria y abierta. Si estáis pensando en unas vacaciones, largas, cortas o incluso fugaces, la excelente mezcla cultural que ofrece Estambul, división natural e histórica entre Europa y Asia a través del Bósforo, nunca defrauda.


Vista de Estambul con la Mezquita de Soliman El Magnifico al fondo, desde el puente Galata- JESÚS CHESTE




EL VIAJERO se adentra en la capital histórica de Turquía, la ciudad de las mil y una maravillas, gracias a las recomendaciones de los lectores, inmejorables guías en su jugosos atractivos artísticos y culturales, así como en una naturaleza variada y espectacular

Para despejar las pocas dudas que todavía pueda generar este destino, el viajero Germán Rodríguez señala que Estambul, además "de ser la capital de tres imperios, Romano, Bizantino y Otomano", es el lugar perfecto para los viajeros "curiosos y amantes de la historia y la cultura". Germán destaca la mezquita Selemiye, "la mejor obra del gran Sinan; Bogazköy, las ruinas de la antigua Hattusa, capital del imperio Hitita; el puerto de Bodrum; y realizar un mini circuito por la cercana costa egea, pasando por Troya, Pérgamo, Mileto y Éfeso", entre otras ciudades de la antigüedad, y hoy legendarias.

Viajeros como Miguel Serrano no dudan en incluir la ciudad entre las "experiencias viajeras más alucinantes" ya que, aclara, "en Estambul verás todas las cúpulas de las mezquitas cubiertas con todas las tonalidades de color que impregnan los rayos de sol veraniegos". Una de la obligaciones viajeras para Miguel es el atardecer en el Bósforo, "una luz que besa con cautela el mar abrasando primero un continente y luego otro". Y es que en pocos lugares del mundo, asegura, se puede ver el ocaso en dos continentes distintos al mismo tiempo".

La mil y una especias

Pero Estambul no son solo colores y puestas de sol. Hay que visitar el Palacio de Topkapi y su harén, perderse en el bullicio del Gran Bazar y o en el más reducido pero igual de sorprendente Bazar de las Especias, sin olvidar la Mezquita Azul. Hablando de templos, Antonio Villacastín destaca la "espectacular" Haga Sofía o Iglesia de la Divina Sabiduría, herencia artística de la antigua Constantinopla.

En la antigua capital del Imperio Otomano Manuel Company recomienda "perderse para conocerla". Victor Gil apoya la iniciativa de callejear por Sultanahmet, detrás del mercado de Arasta, o caminar hasta la iglesia ortodoxa de Chora, pasear entre los bazares o ver la puesta de sol en Pierre Loti, "una tetería donde puedes fumar una pipa y relajarte con unas vistas maravillosas sobre el Cuerno de Oro".

Estefanía Sanz recuerda que si viajas a Estambul, "una de las experiencias más gratificantes es terminar la jornada en un hamman (baño árabe), dejarte lavar y masajear para revitalizar todo tu cuerpo". Algo en lo que Miguel Serrano coincide, añadiendo degustar posteriormente "la deliciosa gastronomía otomana y el hipnotizante ritmo de los derviches", los místicos mevleví cuya danza sagrada consiste en girar hasta llegar al trance simbolizando las órbitas de los astros, como si de un ritual casi mágico se tratase.

En lo referente al alojamiento, Ana Cruz Romero recomienda el Hotel Garden House, situado a cinco minutos de la Mezquita Azul en una calle muy tranquila sin apenas tráfico". Asimismo, esta lectora aconseja a los viajeros reservar una de las habitaciones de los últimos pisos ya que, "aunque todas son acogedoras y confortables, éstas últimas son las mejores". Ana añade una tercera recomendación: tomar el desayuno en el hotel, ya que "dispone de un bonito patio para disfrutar de las vistas de la ciudad. Merece la pena".



"Solo ideas del hombre".
F,P,D Univers. We are all one




"Solo ideas del hombre".

jeudi 4 juin 2009

F,P,D Univers.

http://elviajero.elpais.com/videos/viajes/Esencias/Marrakech/elpvid/20090604elpviavje_1/Ves/


"Solo ideas del hombre".
F,P,D Univers. Audiencia en el vaticano 03/06




"Solo ideas del hombre".

mardi 2 juin 2009

F,P,D Univers.Octava Dies 31/05




"Solo ideas del hombre".