lundi 4 janvier 2010

F,P,D Univers. Benedicto XVI: Nuestra esperanza está en Dios




"Ideas del hombre y más .......".

dimanche 3 janvier 2010




F,P,D Univers. REPORTAJE Con diez 'martinis' por banda

JESÚS RODRÍGUEZ 03/01/2010


El crucero más grande del mundo reúne la oferta de ocio de un gran hotel de vacaciones, de un centro comercial y de un parque temático . Y además flota. Un loco viaje de pan y circo por aguas del Caribe a bordo del ?Oasis of the Seas? al más puro estilo americano.

Golpean nuestros tímpanos los trinos de un violín mientras ascendemos por un tubo opaco y angosto como el finger de un avión. Nos introduce en un centro comercial donde huele a comida rápida y por el que vagan centenares de personas con gorra de béisbol, polo y pantalón corto. Estrenan deportivas estableciendo una muda competición entre los adictos a New Balance, los partidarios de Nike y los seguidores de Reebok. Unos mecen en su regazo una copa de espumoso. Algún valiente se chapuza en el primer dry martini. Varios pasajeros circulan a toda velocidad en triciclo eléctrico, unos por viejos, otros por sobrepeso, sin respetar al peatón recién embarcado. Lionel Roy, de 94 años, héroe de la II Guerra Mundial, con su visera engalanada con el Corazón Púrpura y la Estrella de Plata, no renuncia a su silla de ruedas: "Es más segura". Hay niños hiperactivos con pulseras fosforescentes que encierran su identidad en códigos de barras. Un tipo enorme y colorado vestido de vikingo agita una jarra de cerveza mientras da la bienvenida. Una pareja de gays tejanos con barbas hasta el esternón hace amigos. El matrimonio Pnang, originario de Filipinas, llega ataviado de Fiebre del sábado noche: ella, de burbuja del cava; él, con pantalones de campana y camisa con chorreras. Serán las estrellas de la noche.

Doce de la mañana. Estamos en el barco. Y aún no lo hemos visto. Ni siquiera intuido. Es tan grande que nunca tienes conciencia de él. De lejos, en el horizonte, desde la autopista, hemos contemplado sus cubiertas sobresaliendo entre las grúas y las factorías del puerto Everglades, a las afueras de Miami, como un edificio-colmena de apartamentos acristalados. De cerca, nos damos con el casco: un muro inabarcable, blanco, liso, brillante, de 65 metros de altura, que se extiende en forma de arco a lo largo de 360 metros. Es imposible divisar a un tiempo la proa y la popa. Estamos en el barco, pero no vemos el barco.

Es el crucero de vacaciones más grande del mundo. Y se inaugura hoy. Un centenar de suites con piano de cola. 2.700 camarotes dobles. Más de 5.000 pasajeros; 2.322 tripulantes. Se llama Oasis of the Seas. Lo podrían haber bautizado Esponja de los Mares, por su capacidad de absorción. O Caja Registradora de los Mares, porque aquí todo se compra y se vende libre de impuestos (botellas de vodka, diamantes, camisetas, donuts de chocolate, botellas de Borgoña de 7.000 euros, cursos de submarinismo, tratamientos de belleza), con el dinero de plástico de la naviera Royal Caribbean. El Oasis es una coctelera de acero en la que se combinan los servicios de un macrohotel de vacaciones, las ofertas de una gran superficie comercial y las posibilidades de ocio de un parque temático. Sin complejos; al más puro estilo americano. El 75% de su pasaje. Tiene cincuenta bares y restaurantes, una decena de pistas de baile y diez jacuzzis y piscinas para hacer surf; montañas que escalar y una cancha de baloncesto y una pista de hielo y un campo de minigolf; discotecas para adolescentes y talleres para que los niños y ancianos enfilen collares con macarrones. Un casino amenizado con espectáculos de Las Vegas; un teatro con musicales de Broadway y un sobreactuado ballet acuático; un spa donde chutarse bótox y un club de encuentros. Es una residencia de ancianos, un ameno jardín de infancia y un tálamo nupcial de luna de miel. Incorpora los sistemas de navegación de un navío de guerra, la seguridad tecnológica de un avión comercial y los sheriffs de una ciudad media americana que te enchironan si bebes más de lo previsto o molestas a las pasajeras más de lo debido. 1.000 camareros y 1.000 limpiadores atienden tus deseos. 1.300 cámaras controlan tus movimientos. Pesa 220.000 toneladas. El triple que un portaviones nuclear. Y flota.

La publicidad dice que viajar en el Oasis no es simplemente viajar; es "una Experiencia". Lo primero ha sido la Terminal 18. El irreal edificio de bienvenida con la superficie de tres campos de fútbol en tonos turquesa y murales marinos ("inspirados en los tonos del océano") donde 90 empleadas en 90 escuetos mostradores nos solicitan sin perder la sonrisa la tarjeta de crédito; retratan y hacen entrega del SeaPass: llave del camarote, dni y único medio de pago a bordo. Luego pasas el control de armas. Están prohibidas. (Menos mal). La operación es rápida. Royal Caribbean ha levantado este gigantesco espacio de acero y cristal a medida de su nuevo buque, el más grande jamás construido. "Cuando tienes un barco tan grande como el Oasis, la cuestión es", explica uno de los dos capitanes, Hernán Zini, un argentino de 42 años con la altura y la fisonomía de un noruego, "tener instalaciones portuarias capaces de manejar con comodidad un número tan elevado de personas en poco tiempo. Gracias a esta terminal, 5.000 personas abandonan el barco mientras otras 5.000 embarcan. El Oasis no puede parar. La clave del negocio es la rotación del pasaje. Atracamos a las siete de la mañana en Miami y zarpamos a primera hora de la tarde con nuevos pasajeros. Y para que fluya se necesitan instalaciones y coordinación. No podemos ir a cualquier puerto. No cabemos".

Se desliza melancólica por los altavoces de la cubierta cinco del crucero Scarborough Fair (Simon y Garfunkel, 1965). Cada minuto a bordo del Oasis tiene su melodía. La música no cesa. La hay enlatada y en directo. Hay una banda de jazz, otra de pop, otra de aires tropicales; un guitarrista clásico, un gaitero, un violinista. Y un karaoke donde Leonard, de Illinois, 140 kilos en canal, entona con gran aceptación popular Always on my mind (Willie Nelson, 1982). El barco cuenta con 17 pisos (en realidad 16, el 13 no existe, confesando una debilidad supersticiosa que escama al pasajero). Una treintena de ascensores transparentes ordena el tráfico vertical. El horizontal es largo y tedioso a través de monótonos pasillos franqueados por camarotes. Subir escaleras es el mejor ejercicio para conjurar los excesos calóricos del gratis total. Según Marc Pedrol, director de comunicación de la compañía, los pasajeros engordan en cada singladura tres kilos. Para combatirlos, el Oasis cuenta con un gimnasio y una pista de jogging de medio kilómetro (siempre desierta). "Una vuelta más de multa por el postre de anoche", figura pintado a lo largo del recorrido. Consejo en vano.

La decoración del barco es una simbiosis entre el gusto americano y el oriental. Dallas y Shanghai. Prefabricado, relamido y brillante. Flores, absurdas obras de arte y mucho cristal. Un inmenso decorado de cartón piedra: las baldosas no son baldosas, ni la madera, madera. Golpeas los muros y te devuelven un eco hueco. Todo tapizado por 90.000 metros cuadrados de moqueta verdosa. Flota cierto aroma a sintético.

Orientarse es complicado. Nunca sabes si estás delante o detrás; arriba o abajo. Ni en qué día vives. A ello contribuye un ligero mareo que ayuda a perder la noción del tiempo. Y el consumo de alcohol. La pista para situarse es que las piscinas están en la cubierta superior. No hay pérdida. Horas antes de levar anclas ya están abarrotadas. Los pasajeros llevan horas comiendo y bebiendo. Un grupo de caribeños con camisas hawaianas ataca Is this love? (Bob Marley, 1978). Hay cócteles con sombrilla. Carritos con cervezas de todas las nacionalidades sumergidas en hielo picado. Bármanes como Tom Cruise. Perritos con ketchup. Toallas, gorras, vasos y bolsas con el logotipo de la naviera. El mismo que brilla en lo más alto de la chimenea y en la puerta de la capilla sin dios. Gafas de sol y trajes de baño recatados. Alguna latina escapa a la norma. El top less está prohibido. Pasean por las orillas de las piscinas, que rebosan tipos con la edad y el aspecto de Robert Redford y Morgan Freeman y Paul Auster; una doble de Diane Keaton con aire de bohemia neoyorquina y una émula de Pamela Anderson con el pecho apenas embutido en un biquini publicitario de cerveza Corona. Su novio desafía a cada varón con que se cruza. El precio del reloj revela el estatus de los pasajeros aun en traje de baño. Abunda el Rólex. Se olfatean efluvios de cloro, alcohol y bronceador. Hay rincones para fumar frente al mar. Brama la sirena como una explosión. Zarpa el reino de la diversión. Una avioneta corta el cielo y arrastra machacona una zigzagueante pancarta: "¡Welcome aboard!". Clamor.

Es la apoteosis. El viaje inaugural del crucero más grande. Atruena Can't stop the music (Village People, 1980). El pasaje se agolpa en las barandillas. Bebe y baila. Saluda con los brazos a las cámaras y los curiosos apostados allá abajo, en los muelles. Somos los escogidos. Sheminka y Felicia, bellísimas veinteañeras afroamericanas de Alabama con vestidos floreados, ondulan a lo Beyoncé. Miami queda atrás. Cae la noche. El aire se hace húmedo, cálido y pesado. Navegamos rumbo al Caribe. La cubierta se vacía. El primer turno de cena es a las 18.30. No hay tiempo que perder. "No se vayan a acabar los caracoles", razona el doctor Morrueco, oftalmólogo mexicano y habitual de este tipo de viajes. Ha hecho una veintena con su mujer. Son un público profesional y exigente. Cenar con ellos es someterse a su cuaderno de quejas.

El negocio de los cruceros de vacaciones es reciente. Apenas 40 años. En los viejos tiempos los grandes barcos eran, como describió Dickens, "féretros con ventanas" que unían continentes. Eficaces e incómodos paquebotes diseñados para dominar los siete mares. Tras la última Guerra Mundial se comenzó a popularizar el uso del avión como medio de comunicación entre Europa y América. Supuso la decadencia del transporte naval de viajeros. En las décadas posteriores la aviación se haría con el monopolio. Los herederos del Titanic pasarían al olvido. Sólo los míticos Queen Mary y Queen Elizabeth continuaron surcando el Atlántico equipados de mayordomos con librea, maletas de Vuitton y té de las cinco. A finales de los sesenta nacía Royal Caribbean, una naviera en principio de capital noruego que iba a transformar el sector con sus cruceros de ocio por las aguas del Caribe a bordo de viejos transatlánticos puestos al día. Funcionó. Los americanos se engancharon al invento. No era caro y era seguro; permitía conocer varias ciudades en pocos días, ver espectáculos sin sacar entradas, comprar a espuertas y comer a discreción. "A un pueblo lo define el modo en que pasa sus vacaciones, y a los americanos les encantan los cruceros", reflexiona Reinaldo, un barman filipino, mientras prepara una caipirinha en la cubierta superior donde se desarrolla el concurso Mister piernas bonitas bajo los acordes de Rock Lobster (The B-52's, 1978). El humor de los pasajeros americanos es de colegio mayor. Pero ellos se tronchan.

En el éxito de este nuevo modelo de ocio tuvo mucho que ver en sus comienzos la serie televisiva Vacaciones en el mar con su estética hortera y alusiones continuas al desenfreno sexual a bordo. Fue una eficaz campaña de marketing. Hoy, 12 millones de estadounidenses viajan cada año en crucero. Y cerca de medio millón de españoles. Primero fueron los solteros, luego, los jubilados; hoy, el objetivo de las navieras son las parejas con niños. La industria ha evolucionado. Estos cruceros ya no compiten con otros cruceros, lo hacen con los complejos hoteleros del todo incluido. Ya no se trata de ir de puerto en puerto, sino de pasar mucho tiempo navegando. Y que el público gaste. Que los pasajeros llenen cada noche las mesas del casino. Y los caros restaurantes en los que se paga por degustar sushi, tapas o una buena pasta. Es la clave de este negocio: pan y circo.

En 1999, Royal Caribbean, que en los setenta había comenzado a diseñar barcos más confortables y con más oferta de ocio, botó el Voyager of the Seas, con capacidad para 3.000 pasajeros y un atrio interior que lo convertía en un centro comercial flotante. El Voyager, que incorporaba pistas de hielo, skate, baloncesto, golf y escalada y la franquicia de hamburguesas Johny Rockets, era el nuevo símbolo de los cruceros de masas. La naviera comenzaba una carrera para construir barcos cada vez más grandes y con más atracciones. Economía de escala: cuantos más pasajeros transportara un crucero, más barato le salía el viaje a la compañía y más caja hacía. En 2006, Royal Caribbean humillaba en tamaño al venerable Queen Mary 2 con el Freedom of the Seas. El siguiente peldaño es el Oasis of the Seas, que ha costado 1.000 millones de euros y ofrece como reclamo "algo para cada pasajero".

Ese jugoso negocio de la venta a bordo se redondea con la visita del barco a islas privadas propiedad de las navieras: espacios alquilados a los Estados caribeños y blindados a la población de esos países, donde los buques hacen escala. Se trata de la prolongación tropical del parque temático de a bordo. El Oasis atraca 12 horas en Labadee, en un extremo perdido de Haití. Hay policías militares con las camisas empapadas de sudor y viejos revólveres a la cintura y alambradas entre la vegetación. Niños y niñas preadolescentes salen a recibirnos vestidos de almirantes y majorettes. Hay actividades subacuáticas en la playa, langosta a la barbacoa, hamburguesas y lugareños cantando Guantanamera. Corre la cerveza y la artesanía. Unas japonesas se cubren con una sombrilla de encaje. Hace mucho calor. "La compañía no renuncia a un solo dólar de los que esté dispuesto a gastarse cada pasajero en sus vacaciones", explica un miembro de la tripulación. "No tiene sentido parar en un puerto normal y que sean otros los que se lleven el dinero de las bebidas, las propinas y los souvenirs". Partimos. Concluyo que realmente la gran atracción del Oasis es una habitación frente al mar. Me lo confirma el doctor Morrueco, que no ha bajado a tierra: "La mejor isla de un crucero es el barco".

La Cena del capitán es la cumbre social. La entrada del Opus Restaurant, 3.000 comensales, se convierte en la alfombra roja del crucero. Por los ojos de buey se adivina Cuba. El esmoquin y el traje de noche son de rigor. Despliegue de joyas, maquillaje y peluquería. Abunda el rubio inverosímil. Ken, un quinceañero de Nueva Jersey, se debate incómodo en el traje recién estrenado que le ha calzado su padre. Aia, una rica ama de casa de Kioto, estrena quimono: "He ido a todos los cruceros de la Cunard y he cruzado varias veces el mundo y no podía perderme esto. Es una experiencia mística". Jeannette, canadiense de Vancouver, en torno a los cincuenta, corazón solitario de la barra del Viking's Crown, va de Gilda en azul pavo. "Ir de crucero es muy seguro para una chica: sales, bebes, conoces gente y no te pasa nada malo. Es mi noveno viaje". Los fotógrafos del barco hacen su agosto. Los altavoces nos deleitan con It's now or never (Elvis Presley, 1960). La representación española se reduce a los matrimonios de Agustín Masllorens y Natividad Moreno, y Luis Peláez y María Jesús Gómez de Salazar. Elegancia nacional. Ellos, marinos retirados. Los cuatro, adictos a los cruceros. Aparece el capitán Wright, teatral en su frac blanco con galones dorados y su melena plateada de Roger Moore setentero. Sonríe a las cámaras. Hace un gesto elegante. Empieza el desfile de camareros.

Si el Oasis of the Seas es un gran escenario, sus 2.000 tripulantes son el reparto. De la habilidad de cada camarero para escuchar de madrugada a un pasajero depende que se tome otra copa; de la profesionalidad del croupier, que apueste un puñado más de fichas; de la habilidad del chef, que recomiendes este crucero. Los camareros y limpiadores apenas cobran de la compañía. Alguno, 300 euros al mes. Completan su sueldo con las propinas. El director de casting es François Wache, un sofisticado francés de 42 años que tiene la responsabilidad de que todo funcione en el crucero. Es el álter ego del capitán. Si éste reina en el puente, frío, limpio, seguro y racional como un edificio de la Bauhaus, Wache manda en los subterráneos, adonde se llega por otras escaleras, éstas blancas, industriales, sin madera ni dorados. O a través de las cocinas, por donde escapa olor a cuartel.

Decir subterráneo no es una metáfora. Hay tripulantes que nunca ven el mar. Tienen vedada la cubierta. Tampoco pueden bajar a tierra. No tienen visado. Los marineros son filipinos ("duros, disciplinados y aguantan bien la navegación"). El servicio procede de algunas de las minúsculas islas anglófonas del Caribe. Hay gente de 70 nacionalidades. Viven en las plantas in-feriores. En la segunda cubierta, un túnel interminable repleto de mecánicos de mono rojo, marineros de atuendo blanco y camareros de chaleco negro comunica la proa y la popa. No tiene fin. Por aquí se mueve la carga y los servicios. La tripulación lo denomina I-95, en referencia a la autopista Interestatal 95, que comunica toda la costa Este de Estados Unidos a lo largo de 3.101 kilómetros. A los lados están los estrechos camarotes con literas y sin baño de la tripulación. Tienen sus propios comedores, espacios de recreo y una discoteca. Si alguno osara acceder al camarote de un pasajero sería despedido. Samuel Williams, un camarero natural de la isla de Saint Vincent, al norte de Venezuela, recuerda en su barra esta noche de despedida cómo perdió la cabeza por una bilbaína. "Quería llevarme con ella, pero no me atreví. Pienso mucho de ella".

Regresamos a Miami. Este cuento se acabó. Las últimas horas a bordo nos muestran un paisaje desolado de mustios pasajeros rodeados de maletas como refugiados esperando un tren que no llega. La música se ha acabado. Desembarcamos en minutos. Control de inmigración. Cuando nos alejamos en taxi por la Interestatal 95 miro hacia atrás, veo el barco y pienso en los habitantes de su subsuelo. Por la chimenea del Oasis brota un humo muy negro.


"Ideas del hombre y más .......".

F,P,D Univers. REPORTAJE: CIENCIA Atención, buscamos extraterrestres

LUIS MIGUEL ARIZA 03/01/2010


¿Hay alguien ahí fuera? El Instituto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) lleva 50 años persiguiendo una señal. Sin éxito. Pero Paul Allen, cofundador de Microsoft, ha decidido relanzar la misión: financia una red de 350 antenas para escuchar el espacio. Las primeras se han desplegado ya.

La noticia más sensacional jamás contada es también el sueño de la astrónoma Jill Tarter: la detección de un mensaje procedente de una inteligencia extraterrestre. Algo así sacudiría la prensa de todo el mundo. El planeta vibraría como una lavadora. "Haría que cada uno de los seres humanos nos sintiéramos iguales frente a otra inteligencia galáctica", asegura por teléfono esta investigadora. Claro que la cosa no será tan sencilla como descolgar el auricular para preguntar quién llama desde el espacio. Como directora del Instituto SETI –siglas en inglés de Search for Extraterrestrial Intelligence (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre)–, Tarter mantiene su optimismo. Es la líder natural de un grupo al que la ortodoxia científica casi ha tildado de secta, pero que está integrado por prestigiosos expertos como el fallecido divulgador Carl Sagan, el astrónomo Seth Shostak y Frank Drake, autor de una famosa –y criticada– ecuación para calcular el número de civilizaciones inteligentes. Ella lleva 20 años al frente de esta institución californiana y 30 intentando encontrar una respuesta a la pregunta de si estamos solos. Después de que la NASA abandonara el rastreo de señales inteligentes en 1993, el instituto SETI ha catalizado la búsqueda y atraído el dinero. El mensaje alienígena dentro de una botella depende de los patrocinadores privados y del bolsillo de ciudadanos entusiastas. Gracias a ello, el SETI se las ha arreglado para no morir y comprar minutos de uso a los mejores radiotelescopios para que sumen sus grandes orejas a la escucha.



La misma ortodoxia científica que ahora les critica dio el primer espaldarazo hace 50 años. Nature publicó un artículo titulado Búsqueda de comunicación interestelar, firmado por dos físicos eminentes, Giuseppe Cocconi y Philip Morrison, que aseguraron que la ciencia debía emprender el camino para detectar mensajes alienígenas. Mucho después, tras el portazo de la NASA, el SETI buscó dinero privado y creó el proyecto Phoenix. En 1995, el radiotelescopio Parkes 210 en Nueva Gales del Sur (Australia) escudriñó 200 estrellas durante 16 semanas al año. Entre septiembre de 1996 y abril de 1998, el relevo pasó a la antena del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank, Virginia (EE UU). Y por último, a partir de 1998, los dólares arañaron dos sesiones anuales de entre tres y cuatro semanas al gigantesco radiotelescopio de 305 metros de Arecibo en Puerto Rico, el más grande del mundo. Cuando finalizó, el proyecto Phoenix había examinado cerca de 800 estrellas en un radio de unos 200 años luz. Sin resultados. El Nobel de Física Enrico Fermi se llegó a preguntar: si existen civilizaciones inteligentes allí fuera, ¿por qué no las hemos escuchado? "Cincuenta años es mucho tiempo, es casi una vida, pero en términos cósmicos representa apenas un parpadeo", responde Tarter. "Y durante ese tiempo hemos utilizado los radiotelescopios de otras personas con un pequeño porcentaje de tiempo de uso. No hemos podido explorar el cielo de forma sistemática".

La situación ha dado un vuelco radical últimamente. En el año 2000, el multimillonario Paul Allen, cofundador del gigante Microsoft, se rascó el bolsillo y adelantó 25 millones de dólares para construir una red de 350 antenas de seis metros cada una operadas por SETI, la red Allen. El pasado septiembre, las primeras 42 orientaron sus orejas al espacio, con un coste de 50 millones de dólares. Aún faltan 40 millones. Todos esos platos juntos tendrían la resolución de una antena de 700 metros. La red Allen ya opera desde el observatorio Hat Creek, 467 kilómetros al noreste de San Francisco. Para que este nuevo corazón no pierda el pulso, los científicos del SETI consienten en ser adoptados. Por 100.000 dólares, usted puede cenar un par de días en casa de Tarter, realizar una excursión en su avioneta privada hasta el observatorio y sentirse parte de la aventura. "Lo que ya ha cambiado es que estamos en el aire todo el tiempo. Nos ha costado una década explorar unas mil estrellas. Pero en la próxima podremos explorar entre uno y diez millones de estrellas". Poco para una Vía Láctea con 100.000 millones de soles.

¿Pero de qué clase de mensaje hablamos? El astrónomo Seth Shostak no descarta pulsos de láser enviados a distancias inimaginables, una especie de lenguaje morse óptico. Algunos telescopios en la Universidad de Harvard y de California en Berkeley operan bajo la filosofía SETI, rastreando de vez en cuando estos hipotéticos guiños cósmicos. Pero lo cierto es que las señales de radio suponen un medio muy eficiente –y mucho más barato– para enviar fragmentos de información de una estrella a otra. En 2020, la nave Voyager 1, el objeto más distante jamás construido por el hombre, se encontrará a casi 20.000 millones de kilómetros del Sol, pero seguirá enviando señales discernibles con los radiotelescopios. Morrison y Cocconi aseguraron en Nature que los extraterrestres usarían señales de radio.

"Lo que hacemos es buscar señales que hayan sido transmitidas de forma deliberada a través de distancias interestelares", explica Jill Tarter. "Si fueras un ingeniero extraterrestre muy avanzado y quisieras fabricar un haz que fuera reconocido por una inteligencia emergente con una tecnología nueva y joven, tendrías bastantes opciones. Una de ellas es fabricar una señal absolutamente artificial, que no se pareciese en nada a una emisión natural". En realidad, matiza, más que buscar inteligencias extraterrestres, de lo que se trata es de detectar tecnologías extraterrestres.

En sentido estricto, el silencio de cinco décadas al que se refería el Nobel Enrico Fermi no ha sido tal. Hubo un sobresalto, una señal bautizada como Wow! (el término coloquial inglés para la expresión "caramba" o "caray"), detectada por el astrónomo Jerry Ehman el 15 de agosto de 1977, en el observatorio Big Ear de la Universidad estatal de Ohio (EE UU) y que sirvió de inspiración para la película Contact. En ella, la doctora Ellie Arroway, interpretada por Jodie Foster, dormita encima del capó de su auto con los cascos puestos y a su alrededor un racimo de radiotelescopios empiezan a moverse al atardecer: la señal acaba de entrar, ella se despierta, comprende y aprieta el acelerador de su descapotable mientras avisa al centro de control. Sus colegas, excitados, lo graban todo. El que podría haber sido el primer contacto para Jerry Ehman no careció de emoción, desde luego. A este astrónomo se le aceleró el corazón cuando descubrió la señal entre una aburridísima lista de números escupida por la impresora en papel continuo, probablemente cuatro días después de que fuera captada aquel 15 de agosto por la antena de un radiotelescopio.

'Wow!' apareció durante 72 segundos y luego se desvaneció. Pero era insultantemente potente. Tanto que entró con una intensidad 50.000 veces mayor de lo normal, diferenciándose de la estática del universo, según Shostak. Big Ear no podía rastrear. La antena apuntaba a un punto del firmamento cada vez, dejando que la rotación de la Tierra pintase un arco de exploración en el cielo de una longitud de 72 segundos, justo la duración de Wow! Cuando ocurrió, la antena apuntaba a la constelación de Sagitario. La intensidad de la señal aumentó en el centro del arco, lo que cabría esperar si fuera emitida desde un objeto celeste. Su frecuencia estaba próxima al hidrógeno. Empezó a cumplir los requisitos. Excepto que la antena realizaba dos barridos por cada exploración con una diferencia de tres minutos. Y en el segundo, la señal, que tendría que haber aparecido, nunca regresó.

Lo que sucedió ese verano de 1977 aún da que hablar. Es muy posible que fuera artificial, pero ¿quien o qué la generó? En la época no había aparatos terrestres emitiendo en una banda que entonces estaba protegida (1420 megahercios). Como escribe el propio Ehman, 30 años después no había satélites ni aviones emitiendo en esa frecuencia. Se descartaron planetas, asteroides, satélites y otros fenómenos astronómicos. Ehman pensó que podría tratarse de una señal terrestre rebotada por un residuo espacial captada accidentalmente por la antena. Ahora es menos escéptico. No puede asegurar que la señal fuera extraterrestre. Escribe: "Mi conclusión es que una señal de una inteligencia extraterrestre podría haber enviado la señal que identificamos como la fuente de Wow!", resaltando la cursiva. "Podría" no es aceptable en ciencia, lo que da el asunto por zanjado. "El hecho de que solamente viéramos la señal en un solo barrido podría deberse a que estaba siendo enviada en nuestra dirección, y que después se emitiera en otra que no fuimos capaces de detectar". Big Ear analizó 30.000 fuentes de radio en el universo –en otro tipo de estudios– y fue demolido en 1998 por culpa de la ampliación de un campo de golf cercano y la construcción de 400 casas. Wow! no ha vuelto a aparecer, a pesar de que muchos aparatos han vuelto sus antenas hacia Sagitario. "Se han dedicado miles de horas de telescopios para rastrear esta señal sin éxito, lo que es frustrante", reconoce Jill Tarter.

¿Qué sucedería ahora si algo como Wow! apareciese? "Donde quiera que encontremos una señal, ahora podremos rastrearla casi de inmediato", asegura Tarter. En este oficio hay que templar nervios. Coger el teléfono y llamar a la prensa sin estar seguro resultaría suicida. ¿Cual sería el mensaje? "Lo que yo esperaría es una especie de ping intermitente, una señal corta que se repetiría una vez cada hora, cada día, cada pocas semanas o incluso cada pocos años", responde Shostak. Esta señal actuaría como una brújula que indicaría una posición en el cielo, "sobre la cual podríamos explorar para encontrar otra señal más débil, pero que contenga mucha más información".

Lanzamos inadvertidamente mensajes de radio al espacio de manera continuada, desde la invención de la radio y la televisión. Claro que, según Shostak, aún no han viajado lo suficientemente lejos como para llamar la atención. Las distancias en el espacio son inimaginables. "Es cierto que nuestras señales viajarán por siempre jamás, pero les llevará unos dos millones de años alcanzar la galaxia de Andrómeda, y en este caso se precisaría una antena que tuviera diez veces el diámetro de la Tierra para recogerlas. Los alienígenas no saben que estamos aquí, por lo que si están tanteando nuestro sistema solar es sólo porque estamos en una larga lista y lo hacen de forma ocasional".

Sobre el contenido, pura especulación. Nadie espera frases hechas como "hola, estamos aquí", "¿hay alguien ahí fuera?". Debido a las enormes distancias interestelares, no existirá nada parecido a una conversación. Un saludo como "hola" tardaría varios años en llegar a la Tierra, y la respuesta se adentraría igualmente años luz en el espacio y años en el futuro. "Creo que sería una conversación a través del tiempo, como la que tenemos hoy con Shakespeare o los antiguos griegos. Lo que ellos han escrito se ha transmitido a través de los siglos y aprendemos de ellos al leerlos, a pesar de que no podemos hacerles ninguna pregunta". Tarter imagina algo parecido a nivel cósmico: civilizaciones avanzadas que transmitan una gran cantidad de información a otras menos desarrolladas, una especie de enciclopedia galáctica.


"Ideas del hombre y más .......".
F,P,D Univers. Niña Pastori "Capricho de Mujer"




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F,P,D Univers. Ganadora de un Grammy 2007



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"Ideas del hombre y más .......".

vendredi 1 janvier 2010

F,P,D Univers. Jornada Mundial de la Paz




"Ideas del hombre y más .......".

F,P,D Univers. Un tableau de Degas dérobé à Marseille
L.D. (lefigaro.fr) avec AFP
31/12/2009 | Mise à jour : 18:51 |

Le tableau «Les Choristes», appelé également «Les Figurants», d'Edgar Degas. Crédits photo : AFP
Les enquêteurs n'ont constaté aucune effraction dans le musée Cantini, pour le vol de ce pastel estimé à 800.000 euros.

L'année 2009 s'achève mal pour le musée Cantini de Marseille. La disparition d'un Degas, d'une valeur de 800 000 euros, a été constatée jeudi matin par le personnel de l'établissement.

Le tableau dérobé est un petit pastel de 32 sur 27 cm, intitulé «Les choristes», peint en 1877 par Edgar Degas (1834-1917), et prêté par le Musée d'Orsay à Paris. Ce tableau faisait partie de la vingtaine d'oeuvres du peintre impressionniste présentées dans le cadre d'une exposition, «De la scène au tableau». Des sources policières et un membre du personnel du musée marseillais avaient, dans un premier temps, indiqué que le tableau était estimé à 30 millions d'euros. La réunion des Musées nationaux l'estime pour sa part à 800.000 euros.

C'est à l'ouverture du musée jeudi vers 10 heures que le concierge a découvert que le tableau avait disparu et a prévenu les autorités. Un substitut du procureur de la République s'est immédiatement rendu sur place. Une enquête a été ouverte par le parquet et confiée à l'Office central de lutte contre les trafics des biens culturels (OCBC), a indiqué le procureur de la République Jacques Dallest.

«Une catastrophe pour le musée»

«Il semble que le tableau ait disparu dans la nuit avant l'ouverture du musée», explique le procureur au Figaro.fr. Il a été dévissé de son support. «Dans l'état actuel de l'enquête, il semblerait qu'il n'y ait pas eu d'effraction». Trois hypothèses sont avancées par la parquet : «Un visiteur venu dès mercredi soir, une intrusion extérieure pendant la nuit, ou une complicité interne». Les enquêteurs sont sur place pour vérifier l'ensemble de l'hôtel particulier dans lequel se trouve le musée. «Si les enquêteurs confirment qu'il n'y a pas eu d'effraction, l'hypothèse de l'intrusion sera écartée» précise le procureur. Les enquêteurs fouillent également l'ensemble du musée, pour voir si le tableau n'y serait pas caché, ce qui attesterait l'hypothèse d'une complicité interne. Enfin, les bandes vidéos des caméras de surveillance sont également étudiées pour déterminer les circonstances du vol.

Maurice Di Nocera, conseiller municipal chargé des grands événements, espère que «toute la lumière pourra être faite très rapidement sur ces faits». La disparition de ce tableau est «une catastrophe pour le musée» confie-t-il.



"Ideas del hombre y más .......".
F,P,D Univers.12 meses, 12 destinos

Un año entero de periplos alrededor del mundo en doce propuestas, gracias a Paco Nadal, periodista de viajes y blogger de EL VIAJERO

EL VIAJERO - 31/12/2009


Del Pirineo a Colombia, y del plató helado de Groenlandia a un atolón perdido en el Pacífico Sur. El día a día de un periodista de viajes es así de sacrificado y gratificante, y durante doce meses Paco Nadal lo ha contado a través de su blog, en El VIAJERO.
El bar de hielo
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Ver volcanes que nunca se apagan en un ruta de leyenda cruzando Asia, hacer cicloturismo por el viejo continente, bucear entre barreras de coral en el Pacífico, ver un museo de Botero en Bogotá o, por qué no, asistir a una boda a la rusa, bien se merece un viaje. Nuestro blogger sintetiza su curso viajero en doce destinos a los que, por qué no, viajar el año que viene.

01 Enero. En busca del Valle del Silencio

Para empezar el año, ¿por qué no acercarnos al Bierzo, comarca peculiar donde las haya? Es un mundo singular. Una hoya de unos 60 kilómetros de diámetro amurallada completamente por montañas. Con razón el padre Enrique Florez, el historiador oficial del rey Fernando VI, dejó escrito: "Nadie puede entrar en él sino bajando".


02 Febrero. Ya nunca un filete de ternera me sabrá igual

No puedes decir que has estado en Bogotá si no has ido al menos una noche a cenar al lugar más loco y disparatado de toda Colombia: Andrés carne de res. Está en Chía, a unos ocho kilómetros del centro, y lo normal es que empieces cenando eso, carne de res, pero acabes bailando salsa encima de las mesas o en alguna de las dos pistas de baile con un pedal considerable de ron. De hecho su denominación es restaurante-bailadero.


03 Marzo. Crónicas desde Cabo Norte

Por la noche, en el Hurtigruten (Noruega), sobre todo en estas fechas de finales de invierno y principios de la primavera, lo que se hace es ponerse encima toda la ropa que lleves en la maleta y un poco más, salir a la cubierta más alta, sentarte allí dejando solo la nariz fuera del anorak y esperar a que con un poco de suerte aparezca....¡UNA AURORA BOREAL!


04 Abril. No estás en 'El Señor de los Anillos'

Hay una parada obligada cuando vas en ruta hacia el gran sur de Marruecos. Es a la salida de Azrou, cuando tomas el desvío hacia Midelt y Er Rachidia. De repente te ves atravesando unos bosques diferentes a los que has visto antes, de aspecto un tanto fantasmal. Además si te fijas bien, hay pequeñas criaturas que se mueve con rapidez entre las ramas o por el suelo...


05 Mayo. El Loira en bicicleta

Pese a toda su fama, el Valle del Loira (Francia) no me ha decepcionado. He visto poco de momento, pero es como me lo imaginaba: una sucesión de paisajes bucólicos, de pueblos sacados de un cuento, de castillos de hadas, de viñedos... y lo que más me ha llamado la atención: se oye el trino de los pájaros por todos lados. Puede parecer una estupidez (me debo de estar volviendo viejo o sensibe, o las dos cosas), pero iba pedaleando y solo escuchaba pájaros en estereo; de vez en cuando se cruzaba un coche, pero enseguida volvía la sinfonía de trinos. Como un Ipod gigantesco en versión chill out. Eso te da una idea de lo campestre de la zona que atravieso.


06 Junio. ¡Cumbre en Groenlandia!

Hay momentos en la vida en que a una persona le está permitido que se le desboquen los sentimientos, se le suelte alguna lágrima y chille como un poseso para dar rienda suelta a sus emociones. Un momento así me ocurrió a mí cuando alcanzamos la cima del Nunataq al que hemos bautizado como el Gusano Grande (del grupo de los Nunataq Paparajotes, por supuesto).


07 Julio. Mi vida en un atolón

He acabado el trabajo que venía a hacer, pero dado que estoy en la otra punta del mundo sería absurdo volverse tan pronto. He decidido aprovechar y quedarme unos días más por mi cuenta. Ya conozco la parte más glamourosa de Tahití, la de sus islas más turísticas. Lo que me apetece ahora es conocer la otra parte, la de la vida local, la de los tahitianos. Para ello he elegido Rangiroa, un atolón del archipiélago de las Tuamotu (uno de los cinco que componen la Polinesia Francesa), a unos 400 kilómetros (una hora de vuelo) de Tahití.


08 Agosto. ¿Qué hace un periodista de viajes cuando se toma vacaciones?

Pues se queda encerrado en casa. Y además no escribe una línea ni toma una foto. Siempre he pensado que las vacaciones solo son terapéuticas cuando las dedicas a hacer lo contrario de lo que has hecho el resto del año. Vuelvo en septiembre. Si os apetece viajar conmigo, preparar las maletas. Nos vamos a Rusia.


09 Septiembre. Mi gran boda rusa

Si hay algún acto social rodeado de almibarada horterada en cualquier lugar del mundo (en mi pueblo o en la Conchinchina) es... ¡una boda! Rusia no es una excepción. Solo que aquí además, el show se traslada a la calle. Uno de los mayores espectáculos urbanos de San Petersburgo son las comitivas de novios en limusina haciéndose fotos en decorados urbanos.


10 Octubre. La ruta de la Seda

Escribo por fin desde Turkmenistán, el país del Asia Central donde he iniciado mi particular ruta de la Seda. Pero antes, reconozcámoslo, hay que echar mano de un mapa y de mucha paciencia para situar Turkmenistán en el globo terráqueo. Hasta un avezado viajero como yo ha tenido que hacerlo. Lo confieso. Las ex - repúblicas soviéticas del Asia Central son muchas, muy raras, muy poco volcadas al exterior y de nombres tan iguales como para no liarse con tanto "-aquinostán". Escribo estas líneas mientras atravesamos el desierto del Karakum...


11 Noviembre. Fin de semana en los Cárpatos

El viernes aterricé en Bucarest y esa misma noche salí con un coche de alquiler hacia el norte. Viajo con mi compañero de penas y fatigas varias, Antonio Alpañez, y nuestro primer objetivo en Rumanía es escalar su pico más alto: el Moldoveanu . La cima de los Cárpatos. Un monte de solo 2.544 metros de altitud pero muy agreste porque en Rumanía los inviernos son más crudos que un steak tartare y a esas altitudes te puedes esperar de todo.


12 Diciembre. Navidad en Río: culos y Papa Noel

El oficio de periodista tiene ciertas servidumbres. Entre ellas, la de las fechas "señaladas". En agosto, por ejemplo, siempre hay que hacer el típico reportaje de la ciudad vacía; el 1 de noviembre, el de los cementerios; en enero, el de las rebajas, y en Navidad.... ¡el de la Navidad! Un año tuve suerte. Trabajaba para un excelente programa cultural de Tele 5 (cosa rara) llamado Nosolomúsica y me tocó hacer....¡Navidad en Río de Janeiro! Era un tipo con suerte.



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F,P,D Univers. La apertura de la Puerta Santa marca el inicio del Año Jubileo
Sólo durante el Año Santo los peregrinos pueden entrar a la catedral por este acceso

MARÍA PAMPÍN | Santiago 31/12/2009

El Año Santo compostelano ha arrancado esta tarde con la apertura de la puerta santa de la catedral de Santiago. El arzobispo de la ciudad, Julián Barrio, ha cumplido con el centenario ritual de golpear con un mazo de plata tres veces el muro de piedra colocado para la ocasión. Sólo durante el Año Santo los peregrinos pueden entrar a la catedral por este acceso.
A las cinco y veinte de la tarde, con la apertura de esta puerta de la catedral de Santiago, arrancaba oficialmente el año santo Compostelano. Diez millones de peregrinos llegarán a lo largo de 2010 a esta catedral para conseguir el jubileo. El próximo año jubilar será el 2021, año en el que el día de Santiago volverá a concicidir en domingo. - AGENCIA ATLAS
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Bienvenidos. El pórtico de la Gloria es la apoteosis del Camino de Santiago. Dios Jesús y San Juan escribiendo sobre un águila recibe al caminante.- JORDI SARRÀ
La ceremonia ha comenzado con un acto civil en la plaza del Obradoiro, donde tropas del Ejército esperaron bajo la lluvia la llegada del delegado regio, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, quien se ha empapado mientras pasaba revista y escuchaba el Himno de España. La comitiva ha cruzado después la Catedral para salir por la puerta de Praterías y dar comienzo a la parte religiosa del acto. En él, el nuncio papal ha leído el mensaje de Benedicto XVI en el que distinguió el sepulcro del Apóstol como el lugar donde "acuden gentes de las más diversas regiones de Europa para renovar y fortalecer su fe". El Papa ha considerado por boca de su enviado que con el Año Santo se abre un tiempo especial "de gracia y perdón", una oportunidad para que los creyentes recapaciten "sobre su genuina vocación a la santidad de la vida" y los que han dejado "marchitar" su fe la recuperen.

Tras el mensaje del Papa, el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, se ha acercado con un mazo de plata a la Puerta Santa. Tras el muro de piedra, varios operarios tenían todo a punto para asegurarse de que los leves toques tirarían abajo la inestable pared. Con la caída de las piedras, llegaron los flashes de los fotógrafos que esperaban el momento desde el interior de una catedral llena de gente.

Con ramos de laureles se ha limpiado la puerta antes de que la comitiva entrase en el templo. Alberto Núñez Feijóo se ha parado entonces para recoger un par de piedras de la puerta santa, gesto que repitieron todos los miembros de su Gobierno. Mientras se iniciaba la homilía, mucha gente intentaba ya comenzar el año cumpliendo con la tradición de cruzar la puerta santa.


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